La época de caza casi toca a su fin. En estas fechas, los galgos y podencos comienzan a aparecer abandonados más que nunca. Desechados porque ya no sirven, porque no corren, porque no cumplen su “labor”.

Montones de ellos aparecen por los campos, entre basura, en carreteras. Tímidos, asustados, con heridas físicas y en el alma, las más difíciles de curar, van llegando hasta nosotros.

Nos encontramos desbordados como cada año, reconstruyendo su confianza, acercándoles la esperanza de un futuro mejor. Llegan de toda España, con sus historias, a veces duras, como la de Fryda, que estaba malherida y querían matarla, como Claus, en el borde de una autopista. como Bequi y Buudy abandonados por ¨no valer para cazar¨.

Y aunque, desgraciadamente, cada año se repita esta injusticia, aquí estaremos para acogerlos, para salvarlos. Para luchar por ellos… y por los que vendrán.

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